Mascaras de la Mixteca: Identidad y misticismo
HUAJUAPAN DE LEÓN.- Hay quien asegura que las máscaras no sólo sirven para ocultar la piel y el rostro, sino que se utilizan para sustituir el alma. Esos pequeños trozos de madera son capaces de cambiar la identidad, transformar los sentimientos y hasta el corazón mismo.
Las máscaras un sinónimo de misticismo, son historia pura, pues los antiguos mexicanos consideraban que la naturaleza tenía una dualidad cruel, creadora y destructora, en la que el hombre era, al mismo tiempo, cazador y presa.
Esa dualidad todavía se expresa en las caretas que se realizan en la Mixteca, región que con colores, formas y gestos expresa su misticismo, entusiasmo y afán de perpetuar los misterios.
Hacedores de identidades
Hay máscaras tan sencillas hechas de cartón, tradicionales como el paliacate y complejas como las trabajadas con el cuero de animales; hay otras más elaboradas como las que fabrican los grandes mascareros, que son de troncos de árboles como el pipi o zonpantle, mezquite, sabino y copal.
Pero todas ellas son creadas por manos mágicas, que tratan darle al alma un nuevo rostro. Las máscaras no tienen una función práctica evidente: ni riegan campos ni conservan el calor y no acarrean agua.
Son, más bien, rostros y manifestaciones del mundo invisible, la religiosidad y las creencias que determinan una cultura. Cada una de ellas es una expresión de todo un conglomerado de creencias.
Su significado
Neftalí González Huerta, conocedor y coleccionista de máscaras, asegura que el significado de las mismas va ligado al significado de la danza con las que son acompañadas.
“La máscara es parte de las entrañas de la danza, es la cara interior del danzante, es la cara escondida que expresa sentimientos encontrados, guardados para exteriorizarse en los momentos más propicios y en los lugares más adecuados, es la extensión de la personalidad de quien baila”.
Esa personalidad que está reprimida y que sólo puede aparecer a través de una máscara, menciona Neftalí González Huerta.
Los pueblos de la Mixteca o Ñuu Savi tienen un pasado glorioso común a todos los pueblos, pero de la forma de entender a la naturaleza, de interpretar a los seres de la naturaleza es distinta.
Por eso también las máscaras son distintas, “desde nuestros antepasados cada pueblo elaboró sus máscaras con el material que tenían más próximo a sus manos, las diseñó de acuerdo a las características de sus danzas, a la época del año en que se bailaban y al dios a quien se veneraba”.
Hacedores de identidad
En el pueblo de Ahuehuetitlán se encuentran los talladores de máscaras más importantes de la Mixteca, ahí, con la madera de los árboles, los artesanos dejan volar su imaginación y de sus manos emergen buenas creaciones que sólo pueden ser concretas a partir de lo abstracto.
“Describir las máscaras requiere de todo un estudio, pero en pocas palabras puedo mencionar algunos pueblos que con elocuencia marcan algunas diferencias, por ejemplo en toda la zona de Juxtlahuaca con la máscara de los rubios y los diablos, en Silacayoapan”.
Las máscaras un sinónimo de misticismo, son historia pura, pues los antiguos mexicanos consideraban que la naturaleza tenía una dualidad cruel, creadora y destructora, en la que el hombre era, al mismo tiempo, cazador y presa.
Esa dualidad todavía se expresa en las caretas que se realizan en la Mixteca, región que con colores, formas y gestos expresa su misticismo, entusiasmo y afán de perpetuar los misterios.
Hacedores de identidades
Hay máscaras tan sencillas hechas de cartón, tradicionales como el paliacate y complejas como las trabajadas con el cuero de animales; hay otras más elaboradas como las que fabrican los grandes mascareros, que son de troncos de árboles como el pipi o zonpantle, mezquite, sabino y copal.
Pero todas ellas son creadas por manos mágicas, que tratan darle al alma un nuevo rostro. Las máscaras no tienen una función práctica evidente: ni riegan campos ni conservan el calor y no acarrean agua.
Son, más bien, rostros y manifestaciones del mundo invisible, la religiosidad y las creencias que determinan una cultura. Cada una de ellas es una expresión de todo un conglomerado de creencias.
Su significado
Neftalí González Huerta, conocedor y coleccionista de máscaras, asegura que el significado de las mismas va ligado al significado de la danza con las que son acompañadas.
“La máscara es parte de las entrañas de la danza, es la cara interior del danzante, es la cara escondida que expresa sentimientos encontrados, guardados para exteriorizarse en los momentos más propicios y en los lugares más adecuados, es la extensión de la personalidad de quien baila”.
Esa personalidad que está reprimida y que sólo puede aparecer a través de una máscara, menciona Neftalí González Huerta.
Los pueblos de la Mixteca o Ñuu Savi tienen un pasado glorioso común a todos los pueblos, pero de la forma de entender a la naturaleza, de interpretar a los seres de la naturaleza es distinta.
Por eso también las máscaras son distintas, “desde nuestros antepasados cada pueblo elaboró sus máscaras con el material que tenían más próximo a sus manos, las diseñó de acuerdo a las características de sus danzas, a la época del año en que se bailaban y al dios a quien se veneraba”.
Hacedores de identidad
En el pueblo de Ahuehuetitlán se encuentran los talladores de máscaras más importantes de la Mixteca, ahí, con la madera de los árboles, los artesanos dejan volar su imaginación y de sus manos emergen buenas creaciones que sólo pueden ser concretas a partir de lo abstracto.
“Describir las máscaras requiere de todo un estudio, pero en pocas palabras puedo mencionar algunos pueblos que con elocuencia marcan algunas diferencias, por ejemplo en toda la zona de Juxtlahuaca con la máscara de los rubios y los diablos, en Silacayoapan”.
De la Corresponsalia / Tiempo en Linea













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